Manzán 2020 Bobal y Rocha 2020 Garnacha, los ‘Vinos de Paraje’ de Casa Lo Alto que contienen en cada botella la esencia de su terruño consiguen unos extraordinarios 93 PUNTOS de James Suckling.

El influyente crítico californiano encumbra dos vinos de Casa Lo Alto al otorgarles 93 PUNTOS, unas puntuaciones que solo la ha conseguido un número limitado de marcas de todo el mundo.

James Suckling ha quedado profundamente impresionado por el Manzán 2020, un tinto elaborado con Bobal, una variedad todavía poco conocida en el ámbito internacional, pero poseedora de un gran potencial que, si se le presta el debido cuidado y atención da vinos únicos, que reflejan su terruño.

Suckling ha percibido lo particular que es este vino, que describe como de “Aromas a fruta azul madura, clavo, canela, cacao y flores azules. Elegante y pulido con cuerpo medio y taninos firmes. Arándanos maduros espolvoreados con cacao y violetas por todo el paladar. Jugoso y suculento con un final sabroso”. Y lo recomienda para consumir ahora o para conservarlo durante unos años.

También consigue estos magníficos 93 PUNTOS el Rocha 2020, el Garnacha de la finca, hecho con uvas de una única parcela a 740 metros de altitud de la que sale una producción limitada de 6.000 botellas.

De él, Suckling destaca su “Atractivo carácter perfumado de frutos rojos con notas de grosellas rojas, fresas, lavanda, piel de naranja deshidratada y ligeras especias. Jugoso y vibrante con carácter floral, taninos finos y notas de hierbas provenzales para cerrar. Ligero y fácil de beber con un carácter brillante y crujiente de frutos rojos”.

La finca Casa Lo Alto es un pago singular, por el terreno ondulado en el que se ubica, las diferentes orientaciones de las parcelas, la altitud de más de 750 metros, las cepas viejas… De estos viñedos siempre han salido vinos de extraordinaria calidad. Pero en los últimos años hemos dado un paso más en el cultivo ecológico con prácticas de viticultura sostenibles con el medio ambiente que ya se venían aplicando.

En Casa Lo Alto las 150 hectáreas de la finca son consideradas como un todo, en el que la vida que se desarrolla en los cultivos de almendro, los bosques de pinos y de encinas interactúa con el viñedo. Para ello fomentamos la biodiversidad del entorno y evitamos el uso de productos químicos de síntesis con la finalidad de mantener la tipicidad de un suelo activo, rico en micro fauna, por eso cada parcela es única. Esa diferenciación es lo que queremos encerrar en una botella de vino y, poco a poco, lo estamos consiguiendo.

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